La Valuación de los Inventarios en los Establecimientos Ganaderos de Cría

artículos
Dr. Héctor Blas Trillo
Contador Público Asesor en temas tributarios

En este trabajo nos dedicaremos a exponer algunas ideas que permiten mejorar la posición de los inventarios de los establecimientos ganaderos de cría, lo cual puede conducir a una baja importante en la carga tributaria de los impuestos a las ganancias y a la ganancia mínima presunta (IGMP).

En efecto, los inventarios de hacienda constituyen un activo que está alcanzado por el IGMP, por lo cual si es factible disminuir su incidencia en el total del activo impositivo a los efectos del cálculo de dicho impuesto, obviamente se consigue una reducción del mismo. A su vez la valuación de los inventarios tiene una incidencia directa sobre el costo de ventas impositivo, dado que los valores asignados a tal costo son más elevados en la medida en que el inventario final represente una cifra menor.

La ley del impuesto a las ganancias detalla en sus artículos 52 y siguientes los distintos criterios de valuación de los citados inventarios, tomando como parámetro los precios de las ventas del último trimestre de cada ejercicio. Concretamente dice la ley que la categoría de hacienda más vendida en el lapso indicado será considerada como base para asignar el valor a las demás existencias, siguiendo para ello una determinada proporción porcentual que surge de una tabla incluída en la ley 23.079.

Si las ventas en el trimestre de animales de propia producción no hubieran sido representativas, dice la ley que el valor a tomar como base será el que surja de la categoría de hacienda adquirida en mayor cantidad durante el lapso citado. Y en ambos casos el precio promedio ponderado determinado se dismunuirá en un 40%, quedando por lo tanto como valor a asignar por cada animal el 60% del precio determinado según el procedimiento indicado.

A su vez el decreto reglamentario determina el concepto de representatividad, indicando en su artículo 81 que las ventas representativas serán aquellas que superen el 10% del total de las ventas del año para la categoría a considerar, y agrega un párrafo que ha dado lugar a no pocas controversias: que cuando la ley habla de hacienda adquirida se refiere exclusivamente a las hembras destinadas a reponer o incrementar los planteles del establecimiento. Es decir, que no se trata de cualquier categoría de hacienda adquirida, por más que su representatividad hubiera sido mayor.

Estas normas tienen una considerable antigüedad y podemos decir que en la práctica están lo suficientemente aceitadas en cuanto a su utilización salvando las contradicción entre ley y reglamento mencionada tomando simplemente como hacienda adquirida, en caso de resultar necesario considerar las compras, únicamente las hembras destinadas al plantel de reproducción, en tanto y en cuanto las compras de tales hembras superen en el trimestre el 10% del total del año para esa categoría.

Siempre, por supuesto, está el procedimiento alternativo del "mercado donde se acostumbra operar" para el caso de no cubrirse los parámetros citados.

Ahora bien, pasaremos a explicar en qué consiste el uso de la tabla de la ley 23.079 mencionada.

Esta norma establece proporciones para asignar valores a las demás categorías de haciendas, partiendo para ello de la más representativa. Si tomamos por ejemplo un rodeo general y determinamos que la categoría base a considerar es, digamos, la de vaquillonas de 1 a 2 años, debemos proceder según el siguiente ejemplo.

Supongamos que el precio promedio ponderado para las vaqullonas de 1 a dos años, nos da un valor unitario de $ 100.-, el 60% de dicho valor, es decir $ 60.- será el valor base. Ahora bien, para la tabla, una vaquillona representa 70 puntos sobre 100, una vaca 90 sobre 100, y un toro, 100 sobre 100.

Esto significa que si al valor de $ 60.- lo dividimos por los 70 puntos de la tabla y a ese resultado lo multiplicamos por 90 obtenemos el valor de inventario para las vacas. Y si lo multiplicamos por 100, llegamos al valor de inventario de los toros.

En el ejemplo que estamos tomando, en el cual obviamente asignamos valores simples e irreales para facilitar la comprensión. Una vaca se valuaría en $ 77,15 (60/70x90) y un toro 85,72 (60/70x100)

Este esquema de revaluación anual, como lo llama la ley, y que aplicable a establecimientos de cría de ganado bovino, ovino y porcino, se hace extensivo a otras haciendas, como la equina o la caprina, pero en estos casos debe tomarse el 60% directamente de los valores de mercado de las distintas categorías de que se trate, según las ventas o las compras, y en su defecto, de acuerdo a los valores del mercado donde se acostumbra operar.

Por lo demás, los llamados vientres (animales destinados a cumplir dicha finalidad, dice la ley), se valuarán tomando en cuenta el valor que tenía al inicio del ejercicio la categoría que tiene el vientre a la finalización del mismo. Este procedimiento se hará extensivo a las demás categorías en caso de que el establecimiento se encontrare fuera de la zona central ganadera.

En definitiva, esta larga explicación que hemos tratado de resumir y limar tanto como nos fue posible, permite vislumbrar que siguiendo de cerca las compras y las ventas y fundamentalmente la oportunidad en que las mismas se realizan, es factible bajar los valores de los inventarios y por lo tanto considerar como gasto la diferencia resultante. Es cuestión de estar bien atentos en el último trimestre, para decirlo de una manera bien lineal.

Por supuesto que una baja del valor de nuestros inventarios en un ejercicio nos significará un arranque a valores reducidos para el siguiente, de donde las ventas que se produzcan en este pasarán a arrojar las ganancias que en definitiva postergamos del primer período considerado. La experiencia nos indica, sin embargo, que siempre es posible mantener una cierta correspondencia de valores para evitar cambios bruscos, excepto en los períodos de inflación en los cuales, sin embargo, la indexación de los saldos iniciales está prohibida por ley. Aún así, siempre las compras permitirán deducir las diferencias entre los valores de adquisición, y los resultantes del avalúo del inventario final.

El tratamiento de la inflación en las declaraciones de impuestos, como es sabido, ha dado lugar a innúmeros reclamos de las entidades representativas del campo y también de parte de los profesionales en las Ciencias Económicas, dado que pueden aparecer ganancias nominales que no se corresponden en absoluto con una mejora del plantel o un agregado de kg en el mismo, sino simplemente por un cambio en los valores nominales por pérdida de valor de la moneda.

Tener en cuenta hasta donde sea posible estas consideraciones puede bajar sensiblemente nuestra carga de impuesto a las ganancias, y también en el IGMP, ya que el activo computable para el cálculo de este tributo, es el impositivo. Y cabe agregar, para terminar, que un quebranto impositivo en un establecimiento de cría de ganado, es perfectamente computable en el resultado de cualquier otra actividad que lleve a cabo el mismo contribuyente. Incluso honorarios por trabajos profesionales, por ejemplo.

   

Dr. Héctor Blas Trillo
Contador Público
Asesor en temas tributarios
(011) 4328-3382
Estudio@hectortrillo.com.ar

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