Snake Oil en Argentina y en todos lados

artículos
Dr. Ricardo Melgar

Todos los años, los productores ven aparecer productos innovadores en el mercado de insumos agrícolas que prometen aumentar los rendimientos o la calidad de la producción mejorando el resultado económico. Su oferta parte de la base de sustancias promotoras de crecimiento, que no son necesariamente nutrientes, que aumentan la eficiencia y efectividad del uso de los fertilizantes, o directamente como alternativa a los fertilizantes tradicionales. Su uso apela a efectos muchas veces poco mas que milagrosos, destinados a mejorar el rendimiento o la calidad de los productos, o a tolerar o soportar mejor situaciones de estrés no necesariamente nutricionales sino también fisiológicas o derivadas de enfermedades. Algunos de estos productos no sobreviven mucho mas que una o dos campañas en un mercado competitivo que no perdona las mentiras.

 

Productos mágicos

En los mercados agropecuarios son conocidos en EEUU como snake oil (ó aceite de serpiente), aludiendo a los antiguos vendedores ambulantes del lejano oeste que vendían pócimas para hacer crecer el cabello, milagrosas medicinas y otras. El aceite de serpiente vino originalmente de China, en donde se usaba como remedio para la inflamación y dolor. Los antiguos trabajadores chinos empleados en las cuadrillas que construían el ferrocarril transcontinental de Norteamérica la hicieron conocer a los obreros americanos. Cuando se frotaba sobre la piel sobre el dolor desaparecía, ó así lo declamaban. El vendedor ambulante fue un clásico papel interpretado en los "westerns" americanos: un "doctor viajero" con dudosas credenciales, vendía medicamentos con un marketing bullicioso y apoyado a menudo por evidencias seudo-científicas. Con el tiempo, el aceite de serpiente se convirtió en el nombre genérico para muchas medicinas que se ofrecían como remedios milagrosos, cuyos ingredientes eran generalmente secretos, no identificados o caracterizados, y sobre todo inútiles, convirtiéndose en el arquetipo del engaño. En el mejor de los casos el efecto placebo proporcionaba cierto alivio para el problema que pudiera existir. La práctica de vender remedios dudosos para dolencias verdaderas (o imaginarias) todavía ocurre hoy, no obstante con técnicas actualizadas de comercialización.

 

Los experimentos de campo: base del conocimiento agronómico

Normalmente los productos para uso agrícola se evalúan en ensayos de eficacia. El poder de un experimento para detectar diferencias depende del tamaño de las diferencias a medir, de la variabilidad de las cantidades que son medidas y el número de repeticiones de cada tratamiento. La variabilidad típica o coeficiente de variación de los experimentos de campo oscila entre 5 y 15 %, requiriéndose mucho mas de 4 repeticiones para detectar diferencias del 10 % de rinde al 95 % de probabilidad. La mayoría de los experimentos de campo no entran en esa categoría y los efectos informados de algunos productos es muy pequeño, menor al 5 % en muchos casos. No sorprende entonces que la mayoría de los experimentos en ensayos individuales no sean estadísticamente significativos. La interpretación entonces es polémica. El producto provoca algún efecto pero el experimento no es lo suficiente preciso para detectarlo o el producto no tiene ningún efecto y las diferencias de los tratamientos observadas son el resultado de la variación biológica experimental. Estas son las que alguna vez se estudiaron como errores del tipo I y II de los cursos de estadística.

Así, muchos experimentos no llegan a la categoría de poder demostrar diferencias significativas, no obstante ello, los investigadores que participan de estos ensayos entregan sus informes a las compañías que los encargan, y éstas se encargan de separar aquellos sitios adonde las diferencias son importantes, de modo que solo se reportan (y difunden) los casos positivos. Esta tendencia de reportar solo casos exitosos también afecta a la literatura científica, sujeta a estándares más rigurosos y por esa razón es mas frecuente encontrar en las búsquedas solo casos positivos.

 

Baratos y rendidores

Gran parte de estos materiales son ofrecidos al productor sobre la base de las escasas cantidades requeridas, por ende su costo por hectárea es proporcionalmente mucho menor que lo que costaría una fertilización normal. Apelan al calificativo de orgánico, o tienen alguna "bio-actividad" asociada a algún ingrediente que destraba la actividad microbiana.

Uno de los típicos productos son los ácidos húmicos ofrecido ampliamente a los productores de cultivos intensivos o protegidos. El acido húmico es un componente de la fracción humificada materia orgánica. Las cantidades del principio activo son en general ínfimas si se las compara con las presentes en el suelo. La concentración común de estos productos es alrededor de 3 a 5 %, o sea entre 30 y 50 g por litro, mientras que en el suelo, los ácidos húmicos comprenden entre el 60 al 80 % de la materia orgánica. Esto implica que una hectárea de cultivo, aun con un contenido ínfimo de materia orgánica, por ej. 0,8 %, tiene 0,8/100 x 2.600.000 kg (que es lo que pesa la capa de suelo de 20 cm de espesor), es decir entre 12 y 17 mil kg de acido húmico por hectárea. Que efecto puede tener agregar 1 o 2 kg sobre las propiedades del suelo o sobre las plantas? Mantener la MO del suelo es mucho más importante que agregar cantidades minúsculas de ácido húmico.

 

Los organismos públicos de investigación

Un grupo de investigadores en el área de fertilidad y nutrición de cultivos de las principales trece universidades del medio oeste EEUU, organizados en un Comité, compilan los resultados de las llamadas sustancias nutricionales de origen natural, y publican en el sitio que administran en conjunto http://extension.agron.iastate.edu/compendium/index.aspx. Allí se informan los resultados de ensayos encargados por las compañías, y que no requieren del riguroso y exigente proceso de revisión de pares que llevan a cabo los comités editoriales de las revistas científicas de prestigio. Es de esperar que en general se recomiende cautela a los potenciales compradores de los productos. Este mecanismo, sirvió para resolver el conflicto entre la fragorosa publicidad de un producto comercializado con el nombre de AmiSorb y las demandas de los productores acerca de información veraz y confiable.

 

El caso AmiSorb

Hace algunos años, en 1995, AmiLar International basada en Chicago, y relacionada con el fabricante del edulcorante NutraSweet, comenzó a comercializar un nuevo tipo de promotor de la absorción de nutrientes - AmiSorb – que habría mostrado resultados notables producto de investigación en maíz y otros cultivos. La principal ventaja del compuesto, ácido poliaspártico de alto del peso molecular, se basaba en el aumento de la capacidad de absorción de nutrientes, por el aumento del área ocupada por las raíces resultado de una mayor ramificación de ésta y del mayor desarrollo de pelos radiculares. De allí a aumentar el rendimiento, sobre todo del rinde económico, la calidad, y cualidades relacionadas había un solo paso, o al menos se apelaba a eso. Durante mucho tiempo, la empresa gastó mucho dinero no solo en desarrollo sino también en publicidad, y seguramente se habrán vendido algunos millones de litros, considerando la magnitud del mercado del "Corn Belt". El comité mencionado analizó más de 150 ensayos publicados o no, y los resultados fueron publicados en un típico boletín de extensión. Evidentemente, las bondades reclamadas por el producto apenas son una fracción de las realmente probadas por la experimentación.

 

Las bacterias mágicas

Así como se promocionan sustancias con moléculas milagrosas, también se usan los servicios de los llamados biofertilizantes, o fertilizantes biológicos. Durante muchos años, científicos de todo el mundo estudian la forma de "domesticar" otras especies de bacterias. En particular a las fijadores libres de N, (del genero Azospirillum y otras) es decir que no viven en simbiosis con alguna especie como las leguminosas. El éxito ha sido relativo pero progresivo. Los experimentos reportados exitosos fueron donde los investigadores prestaron atención al número óptimo de células en el inoculante, y métodos de inoculación en que este número permaneció viable. Se acepta de modo bastante amplio que las respuestas observadas no se deben a la fijación de N sino más bien a la producción de hormonas promotoras de crecimiento como auxinas, giberelinas y citoquininas, o a una variedad respuestas fisiológicas.

En los últimos años surgió como novedad las bacterias solubilizadoras de fósforo. La técnica implica la movilización de reservas de fósforo ya presente pero indisponible para las plantas. En la medida que el P del suelo disminuye por el obvio mecanismo de la extracción/exportación por los granos hacia el acopio, el proceso de sacar mas P del suelo solo agravaría el problema de los balances negativos. Es decir acelerar el proceso de deterioro de los suelos o tratar de sacar más jugo de la naranja exprimida en lugar de agregar otra naranja.

Aunque muchos resultados son prometedores, la evidencia científica lograda en muchos años es que las ganancias de rendimiento son pequeñas y erráticas, y la practica de inocular bacterias no se adaptado masivamente por estas razones, con excepción de los rizobios en las leguminosas. También debe enfatizarse que la literatura científica tiene un tradicional desvío para publicar solo resultados positivos. Así muchos experimentos donde no se observan respuestas a la inoculación nunca son publicados. Casualmente escasean resultados positivos de ensayos realizados en EEUU, realizados por investigadores en sus universidades. Las investigaciones publicadas en medios científicos de impacto en las ciencias agronómicas no registran resultados.

 

El caso Maxicrop

Este fue uno de los juicios procesales más largos de de la historia legal de Nueva Zelanda, en el cual el grupo Bell –Booth demandó el Ministerio de Agricultura (MA) del país, y a la televisión publica por daños solicitando US $11.5 millones. Hubo tres cargos: difamación, negligencia e incumplimiento de los deberes de funcionario público.

El Dr. Edmeades era un investigador del MA. Después de revisar extensivamente la literatura mundial sobre fertilizantes no tradicionales, y luego de recibir los análisis químicos del producto Maxicrop, concluyó que, si se usaba como se indicaba, el producto no podría ni posiblemente, proporcionar las ventajas reclamadas. En abril de 1985 el Dr. Edmeades apareció en un programa en vivo de la televisión neocelandesa con directivos de la empresa fabricante. Los dichos y expresiones de los personajes en este programa fueron relevantes, y usados por el demandante y el demandado; interesantemente, revelan las diferencias entre el enfoque científico y el legal de los hechos.

La sentencia fue en su mayor parte en contra del demandante con la excepción de la acusación de negligencia, entendiendo el Juez que el MA debió darle al vendedor una adecuada y justa oportunidad haciéndole conocer de antemano la opinión contraria del investigador a su publicidad y escuchar sus respuestas antes que el daño se produzca concediendo al grupo Bell-Booth una mínima indemnización. A pesar de la clara derrota del demandante, que había iniciado el caso, la opinión pública fue manipulada extensamente mostrando que el poder del gobierno había sido utilizado para machacar a un pequeño empresario luchador. Es obvio decir a esta altura que el Dr. Edmeades no trabaja más para el MA, mientras que el producto Maxicrop volvió nuevamente al mercado en poco tiempo.

 

Conclusiones

Una economía eficiente es aquella adonde se informa bien. En un área técnica, como los fertilizantes, la creación de conocimiento requiere el método científico para probar la eficacia de nuevos productos. Llama la atención, por lo menos en Argentina, la ausencia de investigaciones con resultado neutro o negativo, es decir, casos reportados adonde no hubo acción de los productos, y en particular de organismos públicos. Es natural que los investigadores comuniquen resultados positivos, y que exista cierta resistencia a comunicar fracasos. También es natural que las empresas que intentan comercializar estos productos financien investigaciones, sobre todo con jóvenes que precisan de fondos para comenzar sus carreras. No es natural ni saludable que no exista un trabajo oficial sobre el tema. SENASA exige a toda empresa que precise registrar un producto ensayos de eficacia. Estos estudios no están disponibles al público. Estos hechos inevitablemente crean percepciones de conflictos de interés (si no conflictos reales) y hace difícil que las agencias estatales o universidades sean vistas como fuente de asesoramiento imparcial.

 

 

 




  • ENCUESTAS
  • ¿Qué secciones de nuestro sitio consulta con más frecuencia?

    Articulos Cultivos extensivos (Granos, Pasturas)
    Articulos Cultivos intensivos (Horticultura, etc.)
    Articulos de Uso Fertilizantes
    Fertilidad de Suelos
    Otros (Estadísticas, etc.)
  • [Ud. ya vot?]
  • Ver Resultados de la encuesta