¿Por qué no se usa más Fertilizante en Argentina?

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Ing.Agr. Ph. D. Ricardo Melgar Coordinador Proyecto INTA - Fertilizar

A pesar de los considerables esfuerzos realizados por las empresas, en parte canalizados por el proyecto Fertilizar, la industria encuentra dificultades para superar el uso por hectárea de nutrientes, y compara con algo de envidia las elevadas dosis de uso en Brasil o EEUU, por mencionar solo países competidores de los principales rubros granarios.

Luego del extraordinario crecimiento de la última década, resultado de la liberalización de los precios de los granos y del levantamiento de la protección a la industria local de agroquímicos, el productor de granos de la región pampeana pasó de utilizar insignificantes cantidades de fertilizantes por hectárea, en realidad solo algo de DAP y Urea en el trigo en el Sudeste, a cerca de 150 kg/ha de fertilizantes, algo mas de 70 kg/ha de nutrientes, cifra que compara mal con los cerca de 157 kg/ha de nutrientes que se usan en EEUU y 117 kg/ha de N-P-K en Brasil (IFA/FAO/IFDC, 2002).

Existen varias razones para explicar estas diferencias, que pueden atribuirse en gran parte por las características inherentes de los suelos de la región pampeana y en parte por factores externos, como el tipo de maquinaria para la operación de la fertilización y la creciente proporción de agricultura en campos arrendados. En esta primera parte, comentamos cómo la corriente mayoritaria de opinión entre los agrónomos que realiza recomendaciones de fertilización en base al criterio de suficiencia, resulta económicamente satisfactoria para las demandas planteadas en la mayoría de los suelos pampeanos.

   

Los criterios de recomendación para la fertilización

La mayoría de las investigaciones para validar el análisis de suelos como herramienta útil para predecir las necesidades nutricionales de los cultivos ha sido sobre la base del concepto de suficiencia para interpretar los resultados de los análisis. Este establece rangos para los niveles bajo, medio, y alto con sus respectivas interpretaciones de respuestas de los cultivos a la aplicación de fertilizantes, a saber segura, posible, e improbable, estableciendo por consiguiente, el concepto de "fertilizar el cultivo."

Esta estrategia histórica de interpretación del análisis de suelos intentó modificarse por muchos vendedores de fertilizantes hacia el concepto de "fertilizar el suelo", que implica la acumulación y el mantenimiento de un reservorio de nutrientes, contribuyendo al aumento ocurrido en los últimos años en el consumo de fertilizantes. Esta estrategia conduce a una recomendación mucho más liberal del uso de fertilizantes debido a que no hay un verdadero nivel de corte -- incluso con niveles altos, se recomiendan aplicación de nutrientes para sustituir la cantidad que probablemente se retirará por el cultivo que se cosechará. Se descuenta así, la capacidad natural de gran parte de los suelos arables de sostener una producción modesta de los cultivos con las reservas de nutrientes minerales u orgánicas del suelo. Además, para ser totalmente justos, el uso de este concepto debería abogar el reemplazo o el mantenimiento de la totalidad de los 13 nutrientes derivados del suelo que los cultivos exportan y no solamente del nitrógeno (N), fósforo (P), y azufre (S).

Existen obviamente intereses comerciales que prefieren la estrategia de acumulación y mantenimiento antes que el de suficiencia en la interpretación de los análisis de suelos; más ventas de fertilizantes implican un mejor negocio inmediato de los distribuidores de fertilizantes y de sus proveedores. Esto ha conducido al choque de intereses que existe actualmente entre las empresas y muchos agrónomos comprometidos con la interpretación de los análisis de suelo. Afortunadamente la gran mayoría de los agrónomos locales incluyendo los principales laboratorios y referentes en fertilidad de suelos, utilizan el concepto de suficiencia para elaborar las recomendaciones a partir de los análisis de suelo.

Hay, por supuesto, diferencias importantes inherentes a la naturaleza de los suelos y los procesos de génesis, ya sea local o regionalmente, que afectan la situación de disponibilidad de nutrientes. Suelos de las regiones subtropicales y tropicales, cálidos y húmedos que tienen arcillas caoliníticas y sesquióxidos, bajos en materia orgánica, con capacidad de fijación de algunos elementos y con una baja capacidad inherente de entrega de nutrientes, resultan candidatos más probables al uso del concepto de reconstrucción /mantenimiento que los suelos de la región pampeana, que tienen arcillas del tipo 2:1 y un contenido más alto de materia orgánica.

La Tabla 1 muestra las características químicas de un suelo representativo del orden Molisol de la serie Pergamino comparado con uno del orden Ultisol del Cerrado brasileño, y ejemplifica las diferencias inherentes que existen entre regiones. La disparidad representada en esta tabla no considera las grandes diferencias que también existen en las reservas de nutrientes del subsuelo.

 

Tabla 1. Características químicas de un suelo representativo del orden Molisol (Pergamino) comparado con uno del orden Ultisol (Brasil).

No se pasa por alto en la discusión sobre los dos conceptos, el hecho que desde el comienzo de la década, el aumento del uso de fertilizantes ha contribuido más para aumentar la productividad agrícola argentina que cualquier otro factor. Una estimación razonable sugeriría que por lo menos el 30% de toda la producción de granos es atribuible directamente a los fertilizantes aplicados. Los conceptos deben tomarse con cuidado y no sacarlos de contexto para abogar en contra del uso excesivo de fertilizantes y utilizarse para desalentar su uso.

Los suelos de la región pampeana son en sí mismos ricos en fósforo y en potasio, en comparación con los de otras regiones agrícolas de Argentina. Tomando por ejemplo al fósforo, se han constatado descensos en los niveles con relación a los originales, o incluso en relación con los existentes a comienzos de los 80, en un trabajo del Ing. Néstor Darwich, ampliamente reproducido. Gran parte del descenso es sin duda por el balance negativo de extracción.

No obstante, es importante destacar, que en muchas regiones también, la actividad agrícola con fertilizantes, ha resultado en aumentos del nivel original como se puede comprobar con relevamientos de laboratorios de la región. En el área agrícola de Entre Ríos, con suelos naturalmente deficientes en P, fue posible comprobar un aumento progresivo en el tiempo del P disponible, como resultado del agregado de fertilizantes a los cultivos.

  

El balance de P

Un sistema como el actual, que con una fertilización promedio aplica alrededor de 14 kg/ha anuales de P (70 kg/ha de DAP) para una productividad promedio de 2,0 de trigo y 2,1 t/ha de soja respectivamente ó 7,0 t/ha de maíz por año seria de por sí esquilmante si no se aplicara el criterio de suficiencia. Estos rendimientos, promedios de la zona núcleo, exportan en el grano un 50 % mas de P, tomando como base de calculo los valores de extracción de P por t de grano ofrecidos por Inpofos, (2001).

La dinámica de los nutrientes en el suelo, implican que los cultivos absorben cantidades mayores pero que son devueltas en los residuos de cosecha. Además la cantidad aplicada por el fertilizante no se aprovecha totalmente en esa cosecha sino en parte, restando un valor residual para cultivos subsiguientes. Y para complicar mas el balance, las raíces toman fósforo del subsuelo, y lo devuelven con los residuos a la superficie.

Si se aplicaran pautas agronómicas que respeten la rotación de los cultivos, la fertilización de los cereales, el monitoreo de los valores de P, los niveles no deberían bajar, ni serian necesarias dosis mayores al promedio. Sin duda que las variaciones individuales, en campos con mayores o menores rendimientos debería corregirse la cantidad de P aplicada en mas o en menos.

  

 

El P en el suelo está sujeto a un equilibrio entre una fase lábil o reservorio, con otra fase de mediana a lenta disponibilidad. En un análisis realizado por del Dr. Héctor Morras del Instituto de Suelos del INTA, en base a un relevamiento de P en los horizontes superficiales y subsuperficiales realizado hace muchos años, se determinó que en amplias regiones, las reservas totales de P de los suelos pampeanos superan por lejos mas de 4000 ppm o cerca de 10000 kg de fósforo elemental por hectárea, considerando el perfil de suelo, es decir los horizontes superficial y subsuperficiales.

Por esa razón los 30 a 40 kg de P removidos por cultivo por año, implican movilizar no mas del 0,5 % del reservorio total, si no se fertilizara. Mas aún, considerando que la mayoría de los productores fertiliza (mas del 90 %), el desbalance promedio que aludíamos, de 7 kg/ha/año es un valor insignificante en la masa de P total del suelo (>0,1 %). Existen otros mecanismos como perdida por erosión, hoy disminuida por la siembra directa, y de reposición por deposición de polvo.

Los decrecimientos en los niveles de P que se observaron con relación a algunos años publicados por el mapa de Darwich reflejan los mas de 80 años de agricultura sin fertilizantes. Pero de allí a la necesidad de fertilizar mas allá de las recomendaciones técnicas hay un paso que sin duda afectara la economía del productor.

Resta un debate sobre lo que significa el avance agrícola en las tierras de monte del norte del país. UN hecho cierto es que reemplazar un monte estéril destinado a la ganadería extensiva, de un animal cada 5 has por agricultura de cereales sí bien la soja es el cultivo pionero, el sorgo y maíz caben perfectamente en la rotación. Las consecuencias ecológicas no son solo de la agriculturización, sino del manejo de esa agricultura. En tal sentido, si bien los suelos son ricos en fósforo, la materia orgánica decrece rápidamente y precisa de un manejo cuidadoso, con alternancia de pasturas. Aun así, niveles de 40 a 50 ppm de P disponible no ameritan la fertilización desde un punto de vista agronómico ni económico, pero si un monitoreo a nivel de parcela de región, como para percibir situaciones de decisiones alternativas.

  

Fig. 1. Contenido de P en los horizontes subsuperficiales de la reigion Pampean.

  

  

Para obtener el valor en ppm de P multiplicar el ‰ de P2O5 por 436. Así 1 ‰ de P2O5 = 436 ppm de P (1‰ = 1000 ppm de P2O5).

   

Nitrógeno 

Una evaluación de dosis económica de Nitrógeno en 3 localidades con maíz del Noroeste de Buenos Aires en la campaña 2000/01 produjo datos altamente relevantes al tema en cuestión. El ensayo comparaba la dosis de aplicación promedio de maíz de la región: 52 kg/ha de N (90 kg/ha de urea y 65 kg/ha de fosfato diamónico) con una dosis recomendada que surgía de la aplicación de modelos de simulación y el N residual en el suelo, y una dosis máxima, asociada a la que necesitaría un maíz sin limitaciones hídricas. La tabla 2 representa la relación costo / beneficio con el máximo beneficio asociado a 110 kg N/ha aplicados, la dosis recomendada. Si este campo hubiera sido fertilizado sobre la base del reemplazo del N de 21.4 N/kg con objetivo de rendimiento de 11 500 kg/ha la dosis recomendada habría sido de 247 kg N/ha, o de 167 kg/ha sobre la base del reemplazo según lo exportado por el grano a una relación de 14,5 kg/t. Ciertamente, se habría alcanzado el objetivo de rendimiento, pero con un retorno económico mucho más reducido que usando menos de la mitad de esa dosis de N. Además, el rendimiento más alto habría sido acompañado por una perdida substancial de nitratos fuera de la zona radicular con una eventual contaminación posible del agua subterránea.

Rinde

Costo

Ingreso neto

Margen Bruto

Tratamiento

Dosis aplicada Kg/ha

$/ha

Control

 

0

7,966

-

 

 

Dosis Común Promedio

 

52

11,174

29

257

228

Dosis Recomendada

110

11,536

62

286

224

Dosis Máxima

 

125

10,806

71

228

157

Reemplazo c/ Rinde 11500 a 14,5 Kg/t

167

 

94

 

 

Precio Unidad N (Base urea: US$ 260/t)

 

 

 

 

Precio Maíz

US$ 80

 

 

 

 

 

 

Influencia del material parental y el clima en los contenidos de fósforo de los suelos pampeanos de la República Argentina. Héctor J.M. Morrás. INTA-CIRN, Instituto de Suelos, (1712). Castelar.

  

  




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