Efecto Aditivo del Agregado de Diferentes Nutrientes en Maíz en el Norte, Centro y Oeste de la Provincia de Buenos Aires 
Resultados de dos años de ensayos. Campaña 2006/07 y 2007/08

artículos
Proyecto Regional Agrícola, CERBAN 
Autores: (Orden alfabético): Ings Agrs H. Barosela (AER Mercedes), M. Barraco (EEA General Villegas), J.J. Cavo (AER Junín), E. Cassina (AER Bragado), L. Couretot (Desarrollo Rural Pergamino), G. Ferraris (Desarrollo Rural Pergamino), E Lemos (AER Junín) M. López de Sabando (AER San Antonio de Areco), A. Martín (Agencia de Proyecto Chivilcoy), F. Mousegne (AER San Antonio de Areco, coordinador del Proyecto Agrícola), A. Paganini (AER Zárate), R. Pontoni (AER Arrecifes), R. Solá (AER Arrecifes), G. Tellería (AER Junín), L. Ventimiglia (AER 9 de Julio)   
 
   

Introducción

El consumo de fertilizantes en Argentina se ha incrementado notablemente en los últimos años, debido a la mejora continua en las prácticas de manejo que conducen a la obtención de cultivos de alto rendimientos y, con ello, mayor demanda de nutrientes. Sin embargo, el balance nutricional sigue siendo negativo para los suelos de la Región Pampeana, principal zona de producción de cereales y oleaginosas. Estimaciones recientes indican niveles de reposición del orden del 29% para nitrógeno (N), 42% para fósforo (P), 15 % para azufre (S) y menos del 1% para potasio (K) (García, 2004).

El nitrógeno (N) es el principal elemento en la nutrición del cultivo de maíz. La obtención de rendimientos elevados siempre esta asociada a una elevada eficiencia de uso de N (EUN), ya que su disponibilidad es limitante en la mayor parte de los suelos pampeanos y, aunque los cultivos son suplementados mediante fertilización, es habitual que se lo haga en dosis subóptimas. Con el objetivo de lograr elevadas EUN, se han desarrollado criterios de diagnóstico, herramientas de simulación y predicción de la respuesta esperable, aunque el grado de adopción de las mismas es muy variable.

Estudios sobre el diagnóstico de la fertilización fosfatada han permitido establecer y/o actualizar los niveles críticos de P en suelo (Bray 1) para la mayor parte de los cultivos de grano (Prystupa et al., 2004). La mayor parte de los suelos agrícolas se encuentran en niveles de P por debajo de los umbrales ajustados, y hoy la fertilización fosforada es una práctica habitual. Sin embargo, la necesidad de aplicar dosis mayores de fertilizante para contrarrestar la extracción generada por niveles de rendimiento creciente, genera la necesidad de evaluar nuevas formas de aplicación, más ágiles y operativas. La fertilización en cobertura total durante el período previo a la siembra es una vía muy conveniente para realizar aplicaciones complementarias de P destinadas a equilibrar el balance del nutriente en el suelo, pero en el caso del maíz, se cuenta con escasa información acerca de la eficiencia de esta vía en comparación con la tradicional localización en bandas al costado de la siembra.

Por otra parte, el incremento de los rendimientos y el uso habitual de N y P ha provocado la aparición de deficiencias de otro nutriente como es el azufre (S). La deficiencia de S observada en suelos degradados o de bajo nivel de materia orgánica ha resultado en respuestas significativas en varios cultivos agrícolas y forrajeras, siendo el maíz uno de los que mayor magnitud y frecuencia de resultados favorables presenta.

Por otra parte, es de utilidad monitorear frecuentemente la aparición de deficiencias de nuevos nutrientes que limiten la productividad. El potasio (K) por la magnitud en que es requerido, y el zinc (Zn) por la reiteración de experimentos con respuesta positiva, aparecen como dos nutrientes con elevada probabilidad de obtener resultados favorables.

El objetivo de este trabajo en red es 1. Estudiar el efecto aditivo del agregado de P, N, y S, siendo estos los nutrientes que más frecuentemente limitan el rendimiento en el Norte, Centro y Oeste de la Provincia de Buenos Aires, área de influencia del CERBAN. 2. Evaluar la eficiencia de la aplicación de P en cobertura total en comparación con las aplicaciones en bandas localizadas al costado de la línea de siembra. 3. Explorar deficiencias de nutrientes en los que hasta el momento no se han observado deficiencias generalizadas, pero que podrían limitar los rendimientos en un futuro cercano, como K y Zn 4. Relacionar la respuesta positiva a la fertilización con variables de suelo y cultivo y, de ser posible, establecer criterios de decisión y 5. Constituir lotes demostrativos para realizar jornadas de campo en diferentes zonas.

 

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