Frutales Deciduos: Diagnóstico nutricional para recomendaciones de fertilización en huertos

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Dr. Enrique E. Sánchez

Las tres reglas de rigor de un programa nutricional son las siguientes:

  1. El método de diagnóstico debe ser simple, barato y confiable.

  2. Las recomendaciones deben ser sencillas y realizables

  3. El resultado del programa debe ser visible en el corto plazo.

Estas reglas son impuestas por una realidad inobjetable que se enmarca en una fruticultura competitiva, de alto riesgo empresario, donde el capital invertido es elevado y los márgenes de ganancia escasos. Considerando a este escenario como real, no existe otra alternativa que trabajar técnicos y productores en forma mancomunada dónde el objetivo sea producir un producto de calidad al mínimo costo posible. Dentro de las labores culturales, la nutrición mineral es considerada por sus propios especialistas como un componente más dentro del paquete tecnológico con que dispone el productor fruticola. La optimización de esta práctica es fundamental para lograr el fin deseado.

Por la amplitud de la temática es conveniente enmarcar la presentación dentro de en un escenario determinado. Por practicidad conviene situarnos en plantaciones modernas que han sido concebidas con una planificación y seguimiento en sus labores culturales. Por lo tanto nos enfrentamos a huertos "normales" dónde nuestra responsabilidad es la de formular Programas Nutricionales de Mantenimiento y no de corrección.

 

El diagnostico nutricional

El diagnostico nutricional debe ser simple, barato y confiable. En situaciones normales no es necesario recurrir a muestreos sofisticados para evaluar el estado nutricional de un monte frutal. La simpleza, conduce necesariamente a que la metodología resulte accesible al productor en términos operativos y de costos. La confiabilidad es esencial, ya que las mayores limitantes del diagnostico son entre otras, la elección del sector dónde se toman las muestras y la veracidad de los análisis tanto de suelos como foliar como se ejemplifica más adelante.

Las recomendaciones que surgen del diagnóstico deben ser sencillas y realizables. En grandes plantaciones se deben uniformar las recomendaciones lo más criteriosamente posible sin afectar el resultado final. Casos especiales merecen atenciones especiales, pero este procedimiento debe ser una excepción dentro de la complejidad de un huerto. De poco sirve confeccionar un ambicioso plan de fertilización foliar y por suelo para cada sector del huerto si de antemano se sabe que no se puede cumplir.

Los resultados deben ser visibles en el corto plazo. A pesar que tanto el suelo como la planta son dos grandes buffers y ciertos manejos no acusan una respuesta inmediata (fertilización fosforada y potásica por ejemplo), otras fertilizaciones responden de forma inmediata siempre y cuando se diagnostique correctamente (aplicaciones foliares de cinc y boro o aspersiones de calcio a los frutos). Siempre que se realicen cambios en el programa de fertilización se debe dejar un sector testigo en donde se realice el manejo tradicional.

  

Insumos del diagnostico

  • Análisis de Suelo

Interesa conocer la oferta de nutrientes y las condiciones de abastecimiento del suelo. El análisis debe ser descriptivo-visual (calicatas), descriptivo analítico (pH, materia orgánica, conductividad eléctrica etc.) e incluir un análisis de fertilidad. Todo huerto debe contar con esta información básica. Una vez conocido el "sustrato" dónde se sienta el huerto conviene cada 4 ó 5 años analizar algunos parámetros en particular. El análisis de fertilidad es mucho más importante en lugares donde se aplica riego gravitacional y mecanizado a base de microaspersión, que en huertos con riego por goteo dónde el suelo puede ser un mero soporte.

  • Análisis Foliar

A través de los años esta técnica ha ido perdiendo el prestigio ganado en la década del 60 dónde era considerada un instrumento básico para realizar el diagnóstico nutricional. El análisis foliar tiene dos grandes desventajas: No son sencillos de interpretar y los resultados nos abren cierto margen de duda porque a menudo no coinciden con la apreciación visual del cultivo. Sin embargo en áreas nuevas o cuando se realizan cambios radicales de manejo, un relevamiento nutricional en varios huertos resultan de interés para conocer las concentraciones medias de nutrientes a lo largo del ciclo de crecimiento. En la Figura 1 se representa las curvas nutricionales en ciruelos y durazneros tempranos y tardíos en el Alto Valle de Río Negro.

Por simplicidad se grafican únicamente las curvas de nitrógeno, magnesio y cinc. Se destaca el cambio importante que se produce para nitrógeno y cinc hasta el mes de noviembre. Luego la concentración de nutrientes se estabiliza bastante. También se puede afirmar que tanto para magnesio o cinc un análisis foliar a partir del mes de diciembre refleja perfectamente el estado de las hojas sin necesidad de recurrir a un muestreo en los meses de enero y febrero.

 

Figura 1. Curvas nutricionales de nitrógeno, magnesio y cinc en duraznos y ciruelos tempranos y tardíos. (Sánchez, Inédito)

  

Un punto de interés y que hace a la confiabilidad del análisis foliar es el resultado del laboratorio. Es muy importante que el laboratorio sea reconocido y que forme parte de una red en dónde exista intercambio de muestras.

  

Cuándo muestrear?

Variedades tempranas, por ejemplo de ciruelo o duraznero, que se cosechan en noviembre no pueden evaluarse en febrero ya que el manejo cultural del monte una vez cosechada la fruta varía entre los productores, especialmente en aquellos que continúan la cosecha hasta entrado el otoño con variedades tardías de manzanos. Tradicionalmente se manejan dos épocas de análisis foliar; primavera y verano. Cuando se trabaja con variedades nuevas, en donde se desconoce su comportamiento local, el análisis de primavera y luego el de verano pueden ser de utilidad. Nuestra experiencia indica que bajo las condiciones de Río Negro el análisis de primavera no mejora el diagnostico.

  

Cómo se efectúa la interpretación?

El gran problema en la interpretación radica en que los resultados se expresan en términos de concentración y no de cantidad en función de la biomasa de hojas y su equilibrio con los frutos. Valores bajos de concentración pueden indicar deficiencia o normalidad de manera indistinta. Por esta razón es importante conocer el monte frutal y cotejar el análisis con la "lectura de la planta".

Estudios realizados en el Alto Valle de Río Negro en 37 huertos de perales determinaron que el rendimiento se correlaciona negativamente con el peso específico de la hoja expresado en mg MS/cm2. Mayores rindes se corresponden con hojas más finas debido a la partición de fotoasimilados con preferencia a frutos en desmedro de otros órganos de la planta. En consecuencia cuando se expresa la cantidad de nutrientes por unidad de área foliar, surge claramente que existe una correlación negativa con rendimiento. En otras palabras, dos hojas con similar concentración pueden tener diferente cantidad de nutriente dependiendo de su peso especifico.

Como se visualiza en Cuadro 2, el rango de concentración media en pera cv. William´s es mayor que para Packham´s, pero cuando los resultados se expresan en términos de cantidad de nutriente por unidad de área foliar los valores son similares al tener Packham´s mayor peso específico de la hoja (Cuadro 3). Esta variable puede utilizarse como una herramienta simple y barata de diagnóstico.

  

Cuadro 2. Intervalos de confianza para las variables peso especifico de la hoja (mg.cm-2) y concentración mineral en los cultivares de pera Anjou, Packham´s y William´s. Macronutrientes y micronutrientes expresados en % y ppm, respectivamente.

Variables

Anjou

Packham´s

William´s

Peso especifico hoja

8.68 - 10.29

11.57 - 12.79

10.10 - 10.87

Nitrógeno

1.84 - 2.08

2.04 - 2.17

2.20 – 2.33

Fósforo

0.13 - 0.16

0.15 - 0.17

0.16 - 0.18

Potasio

1.19 - 1.49

1.13 - 1.35

1.08 - 1.26

Calcio

2.00 - 2.80

1.89 - 2.11

1.95 - 2.12

Magnesio

0.31 - 0.37

0.27 - 0.30

0.29 - 0.32

Manganeso

33.3 - 47.2

27.5 - 36.4

29.5 - 38.7

Boro

26.0 - 36.4

24.0 - 26.5

27.1 - 30.5

Cobre

6.9 - 9.7

7.2 - 8.7

7.5 - 8.3

Cinc

11.3 - 32.4

15.1 - 23.8

16.9 - 23.7

   

Cuadro 3. Intervalos de confianza de la cantidad de nitrógeno, fósforo y potasio expresado por unidad de área foliar ( mg.cm-2) en los cultivares de pera Anjou, Packham´s y William´s.

Nutriente

Anjou

Packham´s

William´s

Nitrógeno

0,170 - 0,201

0,244 - 0,270

0,230 - 0,249

Fósforo

0,013 – 0,015

0,0185 – 0,0205

0,0171 – 0,0184

Potasio

0,116 – 0,137

0,143 – 0,158

0,119 – 0,128

   

Si se comparan los rangos de concentración considerados normales en las diversas regiones frutícolas y para cualquiera de las especies de pepita o carozo, se podrá verificar que existe una general coincidencia con matices propios que pueden más deberse a razones filosóficas que técnicas. No es el motivo de este artículo ahondar en las diversas fuentes información, sin embargo una síntesis ejecutiva resulta apropiada.

Debido a que la metodología de toma de muestras y análisis son coincidentes y que los nutrientes cumplen su rol especifico en plantas normales dentro de ciertos límites de concentración es de esperar que los rangos normales obtenidos sean también similares. En efecto, a excepción del nitrógeno, el resto de los minerales presentan rangos parecidos no sólo en las diversas regiones sino también en diferentes especies y variedades. El nitrógeno es un elemento muy particular. Hojas de duraznero presentan mayor concentración que hojas de ciruelo, manzano, peral o cerezo. Es considerado un elemento determinante de la calidad, de allí que existan concentraciones ideales diferentes para cultivares dentro de una misma especie. Por ejemplo una concentración de 2,4% en Golden Delicious es perjudicial para obtener buena calidad de fruta, mientras que en Red Chief es un valor normal. Lo mismo sucede en peral donde un valor de 2,3% es alto para Beurré D´Anjou y normal para William´s o Packham´s.

Un elemento particular es el fósforo ya que plantas productivas presentan valores de concentración tan bajos como 0,13% en forma reiterada. Es probable que en ciertas variedades de manzano, se requiera una nutrición fosforada con el fin de mejorar la calidad de la fruta. En montes frutales de Río Negro si se tomaran rangos de suficiencia de 0,19-0,24%, la mayoría de los montes debieran fertilizarse, sin embargo no existe respuesta a fósforo cuando el sistema radical es sano y explora un gran volumen de suelo.

Con frecuencia la toma de muestras se realiza en plantaciones que han recibido fertilizaciones foliares con metales pesados. Lamentablemente en estos casos el análisis carece de valor para esos microelementos ya que las hojas se contaminan al quedar retenido el fertilizante en la cutícula sin pasar al espacio interior de la hoja. A pesar de lavar el material foliar con agua y detergente, se consigue remover únicamente la porción libre pero no aquella retenida.

Cuando se trata de Fe o Zn, que son elementos inmóviles es decir que lo absorbido queda en la hoja. Como resultado de estos dos procesos es común observar en el análisis valores extremadamente altos que no reflejan el estado nutricional de la planta en su integridad. Para graficar el concepto en el Cuadro 4 se simula un análisis foliar de cinc dónde se han seleccionado hojas contaminadas por acción del fertilizante foliar.

  

Cuadro 4. Simulación de la concentración de cinc en una muestra de hojas provenientes de un monte fertilizado cuando en la muestra de 50 hojas se consideran hojas que han sido tratadas y no tratadas con el fertilizante foliar. Se asume que las hojas tratadas tienen una concentración de 200 ppm.

Hojas sin tratar Hojas tratadas Zn (ppm)
50 0 15.0
49 1 18.7
48 2 22.4
45 5 33.5
40 10 52.0

  

Se asume que la concentración de las hojas sin tratar (nuevo crecimiento) es de 15 ppm, mientras que las tratadas (hojas más viejas) tienen una concentración de 200 ppm (tratadas con un óxido de cinc por ejemplo). Se puede observar que si una hoja tratada se incluye en la muestra la concentración final será de 18,7 ppm y si hay dos a 22,4 ppm valor considerado normal.

  

¿Cómo es el diagnóstico según se trate de un monte joven o adulto?

El análisis foliar es de mayor utilidad en montes en producción dónde se deba ajustar un programa nutricional. En el monte joven (primeros tres años) el análisis de suelo y la observación visual es suficiente como herramienta de diagnostico ya que la nutrición mineral de una planta nueva difiere bastante a la de una planta adulta en términos de intensidad de aplicaciones vía suelo y foliar. Mientras una planta joven crezca lo deseado no debe preocupar, en cambio cuando el crecimiento es subóptimo a pesar del agregado de fertilizantes se debe chequear el suelo más que el estado de las hojas.

  

¿Cuál es la frecuencia de muestreos foliares?

Existen diversas aproximaciones. Desde realizarlos anualmente para el caso de Nitrógeno y cada dos o tres años para el conjunto de los nutrientes, hasta la aproximación máxima de efectuar análisis en primavera y verano todos los años. La experiencia del autor indica que la aproximación mínima es suficiente.

  

¿Que ventajas poseen las fotos aéreas?

Son de gran utilidad para explotaciones de 50 o más hectáreas. Se aprecian detalles que no se detectan caminando el huerto. Permite una escala de comparación única. Son de utilidad para otros aspectos de manejo, tales como poda, raleo y cosecha. Para montes desuniformes las fotos aéreas son fundamentales para planificar la toma de muestras foliares y el cálculo de fertilizantes.

   

Caminar el huerto como herramienta de diagnóstico

No es posible realizar un diagnóstico nutricional si no se recorre el huerto al menos en momentos críticos como lo son después de la cuaja y en la cosecha. Es importante ver el tamaño y forma de las hojas, el crecimiento anual, la distribución de los frutos en la copa, su tamaño y color. El diagnóstico no se nutre únicamente con datos de campo. El comportamiento de la fruta hasta el momento del consumo debe también ser tenido en cuenta.

Algunas consideraciones a tener en cuenta

  • El diagnóstico nutricional comienza con la planificación del huerto.

  • Todos los nutrientes están en el suelo, se deben crear las condiciones para que las plantas lo absorban, el último recurso debe ser el fertilizante.

  • Hay que imaginarse la planta por debajo del suelo. Con frecuencia se comete el error se ver solo la parte aérea.

  • El avance en conocimientos sobre la dinámica de los nutrientes en el frutal permite manejar mejor el programa nutricional.

  • Las herramientas auxiliares del diagnóstico como el análisis foliar o de reservas son más importantes en plantaciones de alta densidad que en plantaciones tradicionales.

  • A medida que uno trabaje con sistemas de producción más eficientes, más importante resulta el diagnóstico nutricional.

  • Tener siempre una idea clara de lo que se persigue.

  • El diagnostico nutricional debe integrar diversos conceptos teóricos y prácticos

  • Cuanto más herramientas se disponga más rico es el diagnostico y menor es la posibilidad de error

  • Los datos a evaluar no debe superar la capacidad de diagnóstico del operador. De poco sirve la información que no se puede interpretar

  • La coordinación de las labores culturales es crítica. Algunas de ellas como el riego y la poda son determinantes en el ajuste del programa de fertilización.

  • Para grandes explotaciones el trabajo en equipo y el libre flujo de opiniones entre el personal técnico y el productor empresario es útil. Más cabezas piensan mejor que una sola.

  • Por último tener en cuenta que el manejo nutricional es un componente más del sistema de producción y su protagonismo debe estar balanceado con el resto de las prácticas culturales.

  

 




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