A Propósito de Ecología, Agricultura y Fertilizantes

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Ricardo Pineda Milicich.
Centro de Investigación y Promoción del Campesinado, CIPCA. Piura, Perú.

 

La agricultura debe satisfacer las demandas alimentarias de la población minimizando al mismo tiempo el potencial de producir daños al ambiente. No existe otro camino, o los agricultores conciertan con el ecosistema y lo respetan manteniéndolo y mejorándolo, o lo degradan ateniéndose a las consecuencias. Un grave problema constituye el control de plagas y enfermedades con el uso indiscriminado de pesticidas, particularmente en los países en desarrollo. El control integrado de plagas es una alternativa que busca la eliminación específica de la plaga sin dañar a los demás inquilinos del ecosistema. Sin embargo, la propuesta agroecológica no consiste en destruir plagas, sino en impedir que éstas se presenten.

Dentro de este contexto, es pertinente destacar la teoría de la Trofobiose que indica que las actividades vitales la planta están relacionadas directamente con la nutrición. En el caso particular de la presencia de plagas, se considera que en el metabolismo de las plantas actúan alrededor de 80 enzimas y cada una de ellas actúa sobre una determinada estructura química. A su vez, cada una de dichas enzimas requiere de un determinado micronutriente como activador. Si todo funciona bien no se presentan problemas. Sin embargo, si se presentan deficiencias de algún micronutriente (hierro, cobre, boro, etc.), una o varias enzimas no actúan. Si esto sucede, el metabolismo se atasca, es decir, se empiezan a acumular determinados compuestos que se convierten en focos de atracción y propagación de una plaga determinada. En otras palabras, las plagas son solo consecuencia de desequilibrios nutricionales. El secreto para el control de plagas estaría entonces en mantener dicho equilibrio, es decir en la adecuada fertilización de los cultivos.

La propuesta agroecológica concede un gran ventaja cuando arremete indiscriminadamente contra los agroquímicos, puesto que dentro deéstos también se colocan a los fertilizantes manufacturados, fertilizantes minerales y otros (como los reguladores de crecimiento) que de ninguna manera tienen el mismo grado de peligrosidad que los pesticidas. Estos últimos son venenos que han sido diseñados para matar y que deben ser utilizados con extrema precaución y solamente cuando son estrictamente necesarios.

En cambio, los fertilizantes sintéticos son substancias que han sido diseñadas para nutrir (alimentar con el aporte elementos esenciales) y, por lo tanto, no tienen el estigma de cuna que tienen los pesticidas. Es cierto que los fertilizantes tienen también el potencial de causar daño (mucho menos que los pesticidas) y solamente si se someten a mal manejo (como todo en la vida).

Es necesario hacer un claro discrimen entre los pesticidas y los demás agroquímicos, especialmente los fertilizantes minerales, que de ninguna manera pueden estar metidos en el mismo saco.

 

Los fertilizantes minerales

La gran mayoría de los fertilizantes minerales (manufacturados o minados de depósitos naturales) no dejan residuos tóxicos en el suelo o en la planta, como sucede en el caso de los pesticidas. Es conocido que los fertilizantes minerales pueden ejercer algún daño a la semilla en germinación, a las raicillas de las plántulas y población microbiana, debido a efectos secundarios de acidez, alcalinidad o salinidad. Sin embargo, éstos son efectos localizados y transitorios que no significan peligro si las aplicaciones de fertilizantes son correctas en términos de dosis, localización, fraccionamiento,época y forma. Las aplicaciones exageradas de fertilizantes minerales (y orgánicos), durante algún tiempo, acumulan en el suelo, en forma iónica, la fracción nutritiva no absorbida por la planta (el nitrato por ejemplo). Esta fracción acumulada se convierte en contaminante, porque está fuera de lugar (definición ecológica de contaminante).

El uso de fertilizantes minerales tiene un efecto transitorio en la población microbiana del suelo, como el efecto de otras prácticas de manejo. Por ejemplo, el simple hecho de voltear la tierra (arado, etc.) y dejar expuestos directamente al sol los microorganismos, produce la muerte de éstos en proporciones extraordinarias. Luego estos microorganismos se vuelven a propagar casi con la misma velocidad, al recobrar condiciones adecuadas de humedad, temperatura, pH etc.

 

Estas son contingencias en la dinámica del suelo.

En nuestros países, la propuesta de una agricultura ambientalmente responsable está aún en su fase eruptiva, de consolidación. Por ello es importante aclarar todos los conceptos para garantizarle una pubertad saludable y una madurez tranquila y no generar posiciones contrapuestas e inflexibles, que pudieran no hacerla viable en la práctica.

La mayoría de los suelos tropicales son muy pobres en materia orgánica y de baja fertilidad. En estas condiciones, la utilización de materiales orgánicos es indispensable y obligatoria. Sin embargo, en muchas ocasiones se pierde de vista el principal objetivo de la utilización de residuos orgánicos, que es el de enriquecer el suelo con materia orgánica y no la de satisfacer las necesidades de nutrientes de los cultivos. Es ampliamente reconocida la importancia de la contribución de la materia orgánica al mantenimiento de la fertilidad y a la sostenibilidad de la productividad del suelo. La materia orgánica incrementa la habilidad del suelo para retener nutrientes, reduce la compactación, incrementa la capacidad de retención de agua, mejora la capacidad tampón del suelo y no permite cambios rápidos de pH y es una fuente de energía para los microorganismos. El manejo apropiado del suelo que permita mantener o incrementar los niveles de materia orgánica es un factor crítico para lograr producción sostenible de alimentos.

Desafortunadamente, es imposible utilizar solamente materiales orgánicos para satisfacer las necesidades nutricionales de los cultivos. Nunca se lograría satisfacer las necesidades nutricionales de las plantas, ya que no existe la suficiente cantidad de materiales orgánicos para lograr este cometido. Simplemente, es imposible pensar en sustituir los fertilizantes minerales por fertilizantes orgánicos. Teóricamente, se podría dejar de usar fertilizantes minerales cuando se pueda garantizar suficiente abastecimiento de nutrientes para las plantas por otros medios distintos, sin atentar contra la producción. En el caso del nitrógeno se puede recurrir parcialmente a la fijación microbiana del nitrógeno atmosférico por medio de las leguminosas. En el caso de otros nutrientes, aun no existen opciones a la vista.

Particularmente, en el caso de una agricultura intensiva de altos rendimientos, necesaria para satisfacer las demandas alimentarias actuales.

Como se indicó anteriormente, es obligatorio utilizar todo el material orgánico posible para enriquecer el suelo con materia orgánica. El poder incrementar, o al menos mantener, el contenido de materia orgánica en el suelo mantiene la fertilidad gracias a las diversas cualidades benéficas que la materia orgánica entrega al suelo. Este conjunto de cualidades permite que se manifieste mejor el efecto del uso de fertilizantes minerales en la nutrición de la planta.

Por lo tanto, no es un pecado contra la agroecología la propuesta de la fertilización órgano-mineral. Al mezclar abonos orgánicos y minerales, se propicia una beneficiosa asociación.

Los fertilizantes minerales enriquecen nutritivamente a los orgánicos, y éstos protegen a los primeros de pérdidas por lixiviación, volatilización y fijación, disminuyendo la posibilidad de contaminación.

Lo mineral, lo químico y lo orgánico Un craso error en agroecología es el creado recelo o temor a lo mineral, a lo químico, a lo sintético.

No hay, ni puede haber, antagonismo entre lo mineral y lo orgánico, entre lo químico y lo biológico, entre lo sintético y lo natural. El universo, la tierra, la naturaleza y el hombre, en su constitución física, son fundamentalmente minerales.

Dentro de la enormidad del universo, lo orgánico sólo existe en una fracción pequeñísima de la tierra. Las tres cuartas partes de superficie de la tierra están ocupadas por agua (mineral). De los aproximadamente 14000 km de diámetro que tiene el planeta, solo algunos centímetros de la corteza terrestre contienen minúsculas cantidades de materia orgánica. En la atmósfera, la cantidad de materia orgánica es insignificante.

En la constitución de cualquier ser vivo (hombre, animal o planta) predomina el constituyente mineral. Si se toma una lombriz o una semilla de maíz y se las somete a alta temperatura se obtiene simplemente agua (mineral) que se evapora, CO2 (mineral) y compuestos volátiles que se gasifican, y residuos de cenizas (minerales).

microorganismos se vuelven a propagar casi con la misma velocidad, al recobrar condiciones adecuadas de humedad, temperatura, pH etc. Estas son contingencias en la dinámica del suelo.

En nuestros países, la propuesta de una agricultura ambientalmente responsable está aún en su fase eruptiva, de consolidación. Por ello es importante aclarar todos los conceptos para garantizarle una pubertad saludable y una madurez tranquila y no generar posiciones contrapuestas e inflexibles, que pudieran no hacerla viable en la práctica.

La mayoría de los suelos tropicales son muy pobres en materia orgánica y de baja fertilidad. En estas condiciones, la utilización de materiales orgánicos es indispensable y obligatoria. Sin embargo, en muchas ocasiones se pierde de vista el principal objetivo de la utilización de residuos orgánicos, que es el de enriquecer el suelo con materia orgánica y no la de satisfacer las necesidades de nutrientes de los cultivos. Es ampliamente reconocida la importancia de la contribución de la materia orgánica al mantenimiento de la fertilidad y a la sostenibilidad de la productividad del suelo. La materia orgánica incrementa la habilidad del suelo para retener nutrientes, reduce la compactación, incrementa la capacidad de retención de agua, mejora la capacidad tampón del suelo y no permite cambios rápidos de pH y es una fuente de energía para los microorganismos. El manejo apropiado del suelo que permita mantener o incrementar los niveles de materia orgánica es un factor crítico para lograr producción sostenible de alimentos.

Desafortunadamente, es imposible utilizar solamente materiales orgánicos para satisfacer las necesidades nutricionales de los cultivos. Nunca se lograría satisfacer las necesidades nutricionales de las plantas, ya que no existe la suficiente cantidad de materiales orgánicos para lograr este cometido. Simplemente, es imposible pensar en sustituir los fertilizantes minerales por fertilizantes orgánicos. Teóricamente, se podría dejar de usar fertilizantes minerales cuando se pueda garantizar suficiente abastecimiento de nutrientes para las plantas por otros medios distintos, sin atentar contra la producción. En el caso del nitrógeno se puede recurrir parcialmente a la fijación microbiana del nitrógeno atmosférico por medio de las leguminosas. En el caso de otros nutrientes, aun no existen opciones a la vista.

Particularmente, en el caso de una agricultura intensiva de altos rendimientos, necesaria para satisfacer las demandas alimentarias actuales.

Como se indicó anteriormente, es obligatorio utilizar todo el material orgánico posible para enriquecer el suelo con materia orgánica. El poder incrementar, o al menos mantener, el contenido de materia orgánica en el suelo mantiene la fertilidad gracias a las diversas cualidades benéficas que la materia orgánica entrega al suelo. Este conjunto de cualidades permite que se manifieste mejor el efecto del uso de fertilizantes minerales en la nutrición de la planta.

Por lo tanto, no es un pecado contra la agroecología la propuesta de la fertilización órgano-mineral. Al mezclar abonos orgánicos y minerales, se propicia una beneficiosa asociación.

Los fertilizantes minerales enriquecen nutritivamente a los orgánicos, y éstos protegen a los primeros de pérdidas por lixiviación, volatilización y fijación, disminuyendo la posibilidad de contaminación.

Lo mineral, lo químico y lo orgánico Un craso error en agroecología es el creado recelo o temor a lo mineral, a lo químico, a lo sintético.

No hay, ni puede haber, antagonismo entre lo mineral y lo orgánico, entre lo químico y lo biológico, entre lo sintético y lo natural. El universo, la tierra, la naturaleza y el hombre, en su constitución física, son fundamentalmente minerales.

Dentro de la enormidad del universo, lo orgánico sólo existe en una fracción pequeñísima de la tierra. Las tres cuartas partes de superficie de la tierra están ocupadas por agua (mineral). De los aproximadamente 14000 km de diámetro que tiene el planeta, solo algunos centímetros de la corteza terrestre contienen minúsculas cantidades de materia orgánica. En la atmósfera, la cantidad de materia orgánica es insignificante.

En la constitución de cualquier ser vivo (hombre, animal o planta) predomina el constituyente mineral. Si se toma una lombriz o una semilla de maíz y se las somete a alta temperatura se obtiene simplemente agua (mineral) que se evapora, CO2 (mineral) y compuestos volátiles que se gasifican, y residuos de cenizas (minerales).

nitratos que de haber tenido la oportunidad de ingresar en la planta, habrían pasado a constituir proteínas para nutrir a niños hambrientos de tantas partes del mundo. Entonces la pregunta es: son realmente malos los nitratos?, son realmente malos los fertilizantes nitrogenados minerales (sintéticos) que son fuente importante de nitratos?.

Esos mismos nitratos descarriados que pueden llegar a producir los males antes mencionados, proceden en muchos casos de abonos orgánicos y no de abonos minerales sintéticos. La población pecuaria que produce cantidades grandes de estiércol genera abundante cantidad de nitratos.

Los residuos de corral se acumulan en ciertos sitios concentrando de esta forma también nitratos. Por ejemplo, se sabe que hace pocos años la población de porcinos en Holanda era casi igual al número de sus habitantes, algo así como 14 millones de personas. En estos casos, los volúmenes tan enormes de estiércol son la mayor fuente de nitratos, y no precisamente los fertilizantes minerales.

La utilización fertilizantes minerales, como fuente de nitrógeno, es completamente viable si se hace un buen trabajo con las dosis, fraccionamiento,época de aplicación, etc. De esta forma se logra minimizar el riesgo de producir nitratos descarriados y se consigue el objetivo principal de la fertilización que es introducir el nitrógeno en la planta donde realmente debe estar. Como se ve, los fertilizantes minerales no son la causa de todos los males como frecuentemente se señala.

 

La urea

Es también importante discutir el caso particular de la temida urea (carbamina o carboxidiamida).

Esta es una molécula orgánica sintética que no forma electrolitos y que se disuelve manteniendo su estructura molecular. Por esta razón, no tiene influencia en la conductividad eléctrica del suelo (no es una sal). Con la ayuda de la enzima ureasa, presente en todos los sistemas agrícolas, y en presencia de agua, la urea se convierte en el suelo en carbamato de amonio [CO(NH2)2 + H2O = H2NCOONH4]. Este carbamato de amonio es un compuesto inestable que se descompone en anhídrido carbónico (CO2), amoníaco (NH3) y agua (H2O). Si el suelo está seco, estos tres compuestos van a la atmósfera. Si existe humedad suficiente, el amoníaco se convierte en hidróxido de amonio (NH3 + H2O = NH4OH), el cual al ionizarse da lugar al ión amonio (NH4+) y al hidroxilo (OH-), que es el responsable del efecto alcalino inicial de la urea.

El ión amonio es el antecesor casi inmediato de nuestro amigo el nitrato (existe una forma iónica intermedia que es el nitrito, NO2). Bajo condiciones adecuadas de aireación, humedad y actividad microbiana, el amonio pasa a nitrato y queda presto a seguir el camino hacia las proteínas, si ingresa a la planta, o puede seguir los torcidos vericuetos ya mencionados anteriormente, si no tiene la fortuna de ingresar en la planta.

 

Qué sucede con los otros componentes de la urea?

El anhídrido carbónico se combina con el agua y forma ácido carbónico que ejerce un pequeño efecto acidificante, por ser un electrolito débil de bajo grado de ionización, que es superado por el efecto alcalinizante de OH- procedente del hidróxido de amonio, el cual es un electrolito fuerte, de alto grado de disociación iónica.

Al disociarse el ácido carbónico produce también el ión carbonato que puede combinarse con algún catión dominante en el medio (solución o coloide suelo), como por ejemplo el calcio, y formar carbonato de calcio que es un constituyente natural, normal, y de efecto benéfico en el suelo, salvo cuando se presente en cantidades extremadamente altas.

Una vez conocidos los cambios de la urea en el suelo y detallados los productos de su descomposición cabe preguntarse ¿Dónde está el poder letal de la urea? ¿Donde están los residuos tóxicos? Por ningún lado, como claramente se ve de la discusión anterior.

Es conocido que la urea se utiliza también como fuente de proteína, en la alimentación de rumiantes. Los microorganismos presentes en la panza de los rumiantes pueden transformar la urea en proteína.

La urea tiene un efecto alcalinizante inicial en el suelo, que es transitorio debido a la formación de hidróxido de amonio, como ya se explicó anteriormente. Luego, al continuar el proceso de nitrificación (oxidación microbiana del amonio, NH4), el efecto final es acidificante porque el hidrógeno se libera al transformarse el NH4 en nitrato (NO3). Este efecto acidificante es de gran importancia en suelos alcalinos porque reduce el pH de dichos suelos, particularmente cuando el poder tampón (amortiguador) es bajo en suelos de textura gruesa y pobres en materia orgánica. La urea contribuye a la acidificación del suelo, de igual manera que lo hacen otras fuentes minerales y orgánicas de nitrógeno, debido a que la nitrificación es un proceso natural que produce acidez.

 

Salinización

Otro mal atribuido a los fertilizantes minerales es su contribución a los procesos de salinización del suelo. Efectivamente los fertilizantes minerales son en su gran mayoría sales, y por lo tanto, tienen influencia en la salinización.

Pero en realidad cuánta influencia tienen?.

La pregunta es: Cuánto fertilizante mineral se aplica a una hectárea de suelo, en una campaña agrícola? Asumamos que se use una dosis común de 300 kg. Esta cantidad, en los dos millones de kg que pesa en promedio una hectárea de suelo, significa un incremento de salinidad de 0.015%, en el peor de los casos.

En comparación, cuánta sal se incorpora mediante el agua de riego? Se considera que el agua de riego es de buena calidad cuando tiene una conductividad eléctrica de 0.5 mmhos/cm (320 ppm de sales.). Si se aplica un volumen de riego de 10000 m3, esto quiere decir un aporte de 3200 kg de sal por hectárea. En muchos casos, este aporte es en su mayoría cloruro de sodio puro (sal común), predominante en muchas aguas de riego.

Esto representa un incremento de 0.16% en la salinidad del suelo, lo que es 10 veces más que el causado por el fertilizante del ejemplo anterior.

Así pues, el verdadero riesgo de salinización en terrenos irrigados está en el mal uso del agua y en la deficiencia de los sistemas de drenaje y no en la aplicación de fertilizantes minerales.

 

Lo orgánico y lo inorgánico

Retornando al asunto de lo orgánico e inorgánico, se debe dejar en claro que la "teoría del humus" en la nutrición de las plantas pasó a la historia hace mucho tiempo (antes se creía que inclusive el CO2 lo tomaban las plantas del humus). La importancia del humus, y de la materia orgánica en general, no ha disminuido y por el contrario su presencia es cada vez más valorada y reconocida como fundamental en la dinámica del sistema suelo-agua-planta.

No existe, ni puede existir, antagonismo o confrontación entre lo mineral y lo orgánico. El agua y el aire, constituyentes y medios indispensables de la vida, son minerales. Si al hombre le quitamos lo que tiene de agua y de huesos (minerales), cuánto quedaría de lo"orgánico"?.

Cuando se condena a la urea porque es un fertilizante "mineral", no se repara en que la urea es estrictamente una carboxidiamida, que tiene exactamente los mismos componentes principales de la proteína: carbono, nitrógeno, oxígeno e hidrógeno (la química orgánica es la química del carbono).

Cuando se glorifica al humus de lombriz porque es un fertilizante "orgánico", no se repara en que su contenido porcentual mineral (ceniza), en la mayoría de los casos, es superior a su contenido de materia orgánica. Como se ve, todo es relativo y, por lo tanto, lo mineral y lo orgánico no se pueden separar en bandos contrapuestos, entre los que se debería escoger. Lo orgánico y mineral no son más que cuentas de un mismo collar.

 

Lo químico y lo biológico

Otra confrontación estéril es la que se pretende establecer entre lo "químico" y lo "biológico": lo biológico sería lo "bueno" y lo químico lo "malo".

Los viejos alquimistas de la Edad Media, empecinados en obtener la piedra filosofal y el elíxir de la juventud (riqueza y vigor), mezclaron de todo, obteniendo menjurjes de diversa composición. Muchos de ellos pagaron con su vida tan loable empeño, pero al fin y al cabo, fueron los precursores de una nueva ciencia que habría de revolucionar al mundo: la química.

A su vez, los químicos de los siglos XVII, XVIII y XIX fueron los padres de la agronomía. Cómo desconocer los gigantescos aportes de Bacon, Van Helmont, Boyle, Woodward, Wallerius, Boussingault, Von Liebig, y tantos otros, que sentaron las bases científicas de las ciencias agronómicas modernas (Fitofisiología, Edafología, etc.)?. Los químicos desentrañaron el misterio del átomo. La clasificación periódica de los elementos, hecha por Mendeleyev, es uno de los más grandes logros científicos de la humanidad.

 

La química explica todos los procesos biológicos.

Todas y cada una de las reacciones de los procesos metabólicos, de cualquier ser vivo, son reacciones químicas…. bioquímicas si se quiere, pero químicas en esencia. Hasta aquí por lo menos está lo comprobado, sin entrar a especulaciones de si el pensamiento o los mismos sentimientos sean resultados de reacciones químicas, como ya sostienen algunos. Cualquier ser vivo, que eche raíces, que se arrastre, que camine en dos u ocho patas, o que vuele, etc., todos, materialmente, no son otra cosa que un reactor químico. La absorción de los nutrientes por las raíces de las plantas, la digestión de los animales, la purificación de la sangre en los pulmones, y para no tener que seguir enumerando ejemplos, la fotosíntesis, el milagro que permite la continuidad de la vida en la tierra, no son otra cosa que puras reacciones químicas. Bio-físicoquímicas si se quiere, pero químicas en esencia.

Entonces, no tiene sentido el asociar lo químico con lo malo. La química es la ciencia que estudia la transformación de las sustancias. Como no hay nada que permanezca inestable, como todo se transforma, la química engloba toda esta transformación.

Pero, es la química impoluta? Tampoco se puede asegurar esto. La química, como toda ciencia, es neutra en su calidad ética. Los hombres (algunos hombres) han usado y pueden seguir usando la química para causar daño. Tal como se ha usado la física, la religión, la libertad, o el propio nombre de Dios.

No se debe generar en nuestros jóvenes, en nuestros agricultores, ni en nadie en realidad, un sentimiento de repulsión hacia la química: "es pura química" (frase muy usada cuando el vino es malo, por ejemplo), "no les apliques químicos a tus plantas porque las vas a matar" (refiriéndose a los fertilizantes), etc.

 

Lo sintético y lo natural

La tercera confrontación estéril es la que se plantea entre lo "sintético" y lo "natural": lo sintético es malo, mientras que lo natural es bueno.

En Agroecología se vienen dando etapas, lo que es inevitable en todo proceso evolutivo. En un inicio jugaron su rol los Torquemadas de la ecología, quienes a manera de Pedro el Ermitaño levantaron el pendón de la Gran Cruzada contra los infieles contaminadores del medio ambiente.

Esto fue necesario y saludable, porque había que remecer al mundo y despertarlo de su inopia.

Había que frenar al caballo desbocado de la más crasa irracionalidad en el uso de los recursos y de los insumos agrícolas (destrucción de bosques, irrigaciones sin drenaje, aplicaciones masivas de pesticidas, laboreo exagerado del suelo, etc.). En esa época los planteamientos de la Agroecología fueron terminantes, intransigentes, sin concesiones. De entonces data la aversión a lo mineral, lo químico, lo sintético, lo artificial.

Por ejemplo, hubo un agroecólogo japonés que consideraba anti-agroecológico que se confinaran los animales en establos, para de allí recolectar el estiércol y luego aplicarlo en el campo. No sabemos si este buen señor estaba solamente contra del estiércol o contra el método de obtenerlo, porque consideraba que confinar a los animales en un espacio cerrado (establo) es algo artificial. Quizás lo que pretendía es que se amaestrase a cada animal para que cada uno de ellos fuera a depositar sus deyecciones al pie de cada planta.

Casos como estos, que ahora pueden hacernos sonreír, fueron en su momento propuestas agroecológicas, de las que aún quedan rezagos.

Por ejemplo, en una reciente reunión de Agroecología, un respetable agroecólogo moderno dijo que la lombricultura no le hacía ningún favor a la Agroecología, porque las lombrices deberían estar en el suelo y no confinadas en lechos de crianza…!

Al comienzo de esta secuencia evolutiva de la Agroecología se planteaba la proscripción total de todos los fertilizantes minerales, sin distinción.

No quedaba monigote con cabeza. Luego, cuando las aguas fueron tomando su nivel normal, cuando se empezaron a desnudar muchos fantasmas y se descubrió que éstos no eran tan fieros como se los pintaba, se los fue pasando a través de un tamiz de condescendencias más permeable. Por ejemplo, se demostró que la roca fosfórica, siendo un fertilizante mineral, no tenía un efecto especialmente contaminante en el suelo y por lo tanto podía pasar al bando de los buenos.

Entonces se concluyó que aun cuando la roca fosfórica es mineral, sin embargo, como es natural eso lo salva del veto. En cambio los sintéticos (caso de la urea) aún siguen vetados.

 

Entonces surge la pregunta: qué es sintético?

Obviamente es lo que resulta de una acción de síntesis o de sintetizar. Qué es esto último? Lo que ocurre segundo a segundo, en todo orden de cosas en la naturaleza. La síntesis es el camino hacia el orden, hacia lo organizado, hacia lo orgánico. Lo contrario es la desintegración, la destrucción, el caos. En la síntesis se emplea trabajo, se almacena energía.

Como se dijo anteriormente, la fotosíntesis es el milagro más asombroso y extraordinario de la naturaleza. Pero, en qué consiste? No es más que la síntesis de la glucosa a partir de agua, anhídrido carbónico y energía radiante. Luego a partir de la glucosa, el bebé de la cadena, prosigue la síntesis de los polisacáridos, el almidón, los aminoácidos, las proteínas, hasta las estructuras más complejas que conforman la células y luego los tejidos y luego los órganos de las plantas.

La síntesis es unión. La fecundación de un óvulo por un espermatozoide también es una forma de síntesis, y eso es vida.

El hombre ha sintetizado muchos compuestos de gran beneficio para la humanidad, como la penicilina y la insulina. Pero también ha sintetizado los gases asfixiantes de la guerra. No son entonces ni la síntesis, ni los sintéticos los perjudiciales, sino el hombre, alguna colectividad en particular cuyas acciones pueden ser nocivas.

Por ello es muy importante establecer la diferencia entre el sujeto y el objeto. Los objetos, las herramientas, las tecnologías, los sintéticos, son éticamente neutros. Las acciones, las actitudes, los usos y manejos, son los que pueden ser buenos o malos. Es muy importante que ésto sea comprendido bien por los estudiantes y por los agricultores para no crear fobias contra los objetos, conceptos o términos.

Se debe liberar nuestra mente de prejuicios, de dogmas, de ideologías, y estar en condiciones de analizar y juzgar la tecnología con racionalidad y objetividad lógica. Sólo el conocimiento de la naturaleza de las cosas, de los fenómenos, de las causas, y de los efectos, nos permitirá tomar decisiones correctas, tanto en Agroecología como todo en la vida.

 




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